Como
era habitual en este semestre, hay que madrugar los días martes y jueves. El
día comenzaba con aquel sonido fastidioso en mis oídos el cual cesaba con el
pulsar cualquier tecla del aparatejo,
lo siguiente era la lucha de mi cerebro con el resto de mi cuerpo, aquella voz
me gritaba “levántate tienes clase” y yo en vano tratando de ordenar a mi
cuerpo ponerse en movimiento, pasados los cinco minutos de lucha mañanera me
puse en marcha hacía el baño. El agua fría reanuda mi vitalidad tradicional,
pase a vestirme y a salir hacía mi clase de seis de la mañana.
Dormí
un poco en la buseta, camino hacia la nueva estación de policía llamada “UIS”.
Al llegar a la entrada me reporto como es costumbre, -tal vez en unos meses
decida tatuarme el código de barras de mi carné en un brazo así me evitaría la
búsqueda angustiosa de éste a la hora de entrar en la supuesta universidad
pública-, dándome paso por la fila de entrada al matadero, camino rápidamente
al ver la hora en mi celular, entro al Centic -en el tercer piso- donde solemos
tener la clase los martes. Saludo al profesor Wilson y paso a sentarme
cómodamente en frente de un computador, la clase se da de forma normal sin
ningún pormenor hasta las 7:45 a.m en que escuche esa frase que tal vez por la
euforia del momento -al poder salir corriendo a desayunar - deje pasar casi
desprevenidamente por mis oídos pero que más adelante viendo la cara de
sorpresa de algunos compañeros decidí preguntar. "Tienen que ir mirando
planos de cometas y hacer una", esa frase dio varias vueltas por mi cabeza
por unos cuantos minutos mientras comía, mientras estaba en clase de francés
llegando a preguntarme, ¿yo haciendo una cometa? Un vago recuerdo vino a mi
mente ya me habían dejado aquella tarea en mi primaria la cual había relegado a
un vecino y la que nunca eleve.
Empecé
a ver aquel vacio en mi infancia con respecto a ese tipo de actividades, ya que
nunca lo hice ni encontré ese interés por hacerlo, ahora las circunstancias
eran diferentes el hacer cosas nuevas, las cuales se supone debería saber, me
despertó un poco de preocupación, al intentar hacer algo que no sabía que tan
bien saldría. Por unos cuantos días o muchos, olvide por completo aquella tarea
hasta que el profesor en una de las clases de los jueves –en un salón del
segundo piso del edificio de ciencias humanas- recordó aquella actividad
proyectada para el día viernes 24 de
agosto. Esta actividad estaría respaldada por una crónica la cual estoy
pretendiendo escribir, es aquí que nace otra tarea más “hacer una crónica”. En
estos tres años que llevo en la universidad, nunca me había enfrentado a crear
este tipo de texto así que me puse en el plan de buscar un poco de información
acerca de cómo hacer una.
Dejando
a un lado la crónica, ya sabiendo que en ella tenía que relatar mi historia
acerca del proyecto de hacer la cometa, me di camino a hacer lo más importante
la bendita cometa. El día 11 de agosto en las horas de la noche comenzó mi
travesía por diferentes páginas de internet, llegando a encontrar una página
que a mi parecer era buena http://es.kiteplans.org/ , la recorrí de
arriba abajo y para mi gran ignorancia me enteré de la gran variedad de
cometas, no sólo aquella de palitos en cruz y su papel como sólo me la
imaginaba en mis años de infancia:1588 planos de
cometas, de un hilo, de dos, de tres, de varios; planas, diedros, básicos,
arcos…
Ahora la tarea se complicaba aún más, necesitaba buscar ayuda
pero nadie se ofrecía para tal labor, así que esperando como buena colombiana
hasta el final, como caídos del cielo saliendo de clase de 8 me encontré con
dos compañeros en aquel árbol -que en ciertas temporadas nos sirve de ayuda en
esos momentos de hambre y poco dinero- que se disponían a hacer la cometa en
grupo así que me les uní. El primer paso, conocer qué tipo de cometa nos
disponíamos hacer.“Un moco” dijo mi compañero Miguel, claro respondí yo
pensativa una vez más, pero pronto esa duda se desvaneció frente a la explicación
de los dos de cómo era la estructura de tal.
Dado que los tres teníamos horas libres decidimos ir en
pronta búsqueda de los materiales, lo primero que decidimos buscar –ya que
sabíamos la ubicación del lugar donde la vendían- fue la tela. Compramos una
tela impermeable de color un poco llamativo, nos tomamos la primer foto de
prueba del trabajo en equipo, continuamos ahora en la búsqueda del hilo y por
último el tubo de PVC -el cual encontramos en una corta caminata bajo ese sol
tan saludable de medio día-.Terminado el segundo paso de nuestro proyecto,
caminamos hacía el Éxito, para que mis dos compañeros nutrieran sus bolsillos
del dinero sacado de un cajero, luego decidimos volver al punto de salida a la
UIS, subimos en un taxi dado que los ánimos y las ganas de sol ya no eran los
mismos de unas horas atrás, acordamos una nueva fecha de encuentro y nos
despedimos.
Después
de unos cuantos días de clase se dio el segundo encuentro, el día jueves en las
horas de la tarde, bien alimentados y con la energía puesta en la realización
de la anhelada cometa, nos pusimos en marcha, buscamos un espacio pertinente. Lo
único que pudimos encontrar con toma de corriente, fue un salón en el quinto
piso que estaba ocupado por otros estudiantes, nos adueñamos de una parte del
aula y nos pusimos en la tarea del día cortar y coser, nos lanzamos la bola de
quien debería coser así que la “Costeña” -Diana- se ofreció, Miguel al ver tal
tarea quiso coser una parte pero su esfuerzo fue un poco frustrante y a medias,
ya que tuvo que irse a clase de seis. Debido a los síntomas meteorológicos,
decidí irme para la casa donde continuaría la tarea de coser lo que faltaba,
-me di cuenta de que esos años de haber estudiado en un colegio femenino en el
cual me enseñaban a coser me sirvió por fin de algo-. Entre fotos y risas
llegamos a la conclusión de que nada tiene que ver el vivir sólo con eso de
saber coser.
El
día viernes se dio el último encuentro en donde daríamos culminación a nuestra
tarea, ahora el trabajo consistía en hacer nudos y nudos –cosa que ninguno de
los tres sabia hacer-. Tuvimos que pedir ayuda de un amigo que estaba cerca,
almorzamos en el “Bosque” y después de unas cuantas horas el trabajo estaba
terminado “el moco armado”.
Esa
misma tarde, se dio la hora de ir a probar que tanto sabíamos de crear bichos
voladores así que reunidos en el “Diamante” nos dábamos a la lucha de poder ver
a nuestro moco en el aire. Al llegar a la cancha vimos los trabajos de los
otros grupos unas básicas y unas tantas de diseños geniales pero los cuales por
más que luchamos no vimos en el aire a más de un metro del piso. Otra cara
donde se veía la derrota desde muy temprano fue la de Pilar quien vió rota sus
horas de concentración y trabajo.
La
tarde pintaba agradable pero el poco viento y mucho sol nos aguaron las
ilusiones de ver a nuestros pequeños abortos dando sus primeros vuelos, entre
gritos y risas vimos como una cometa, la de David - el elegido, el Domador de
cometas como lo denominamos- se alejaba y se perdía entre las nubes, minutos
antes, Camilo veía frustrada su supuesta competencia al ver su cometa partirse
en unos cuantos segundos.
La
jornada no termino allí, unos decidimos quedarnos a hablar un poco sobre
aquella tarde, recordar los pocos segundos de gloria de Diana- al elevar un
metro la cometa del suelo-y el ver su camino truncado por Ricardo que la hizo
caer al suelo. Recordamos también, la cometa de la
dignidad del grupo, como dijo el profesor Wilson, que se desborono en un
segundo.

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