lunes, 27 de agosto de 2012

El moco que nunca elevo


Como era habitual en este semestre, hay que madrugar los días martes y jueves. El día comenzaba con aquel sonido fastidioso en mis oídos el cual cesaba con el pulsar cualquier tecla del aparatejo, lo siguiente era la lucha de mi cerebro con el resto de mi cuerpo, aquella voz me gritaba “levántate tienes clase” y yo en vano tratando de ordenar a mi cuerpo ponerse en movimiento, pasados los cinco minutos de lucha mañanera me puse en marcha hacía el baño. El agua fría reanuda mi vitalidad tradicional, pase a vestirme y a salir hacía mi clase de seis de la mañana.
 
Dormí un poco en la buseta, camino hacia la nueva estación de policía llamada “UIS”. Al llegar a la entrada me reporto como es costumbre, -tal vez en unos meses decida tatuarme el código de barras de mi carné en un brazo así me evitaría la búsqueda angustiosa de éste a la hora de entrar en la supuesta universidad pública-, dándome paso por la fila de entrada al matadero, camino rápidamente al ver la hora en mi celular, entro al Centic -en el tercer piso- donde solemos tener la clase los martes. Saludo al profesor Wilson y paso a sentarme cómodamente en frente de un computador, la clase se da de forma normal sin ningún pormenor hasta las 7:45 a.m en que escuche esa frase que tal vez por la euforia del momento -al poder salir corriendo a desayunar - deje pasar casi desprevenidamente por mis oídos pero que más adelante viendo la cara de sorpresa de algunos compañeros decidí preguntar. "Tienen que ir mirando planos de cometas y hacer una", esa frase dio varias vueltas por mi cabeza por unos cuantos minutos mientras comía, mientras estaba en clase de francés llegando a preguntarme, ¿yo haciendo una cometa? Un vago recuerdo vino a mi mente ya me habían dejado aquella tarea en mi primaria la cual había relegado a un vecino y la que nunca eleve.
 
Empecé a ver aquel vacio en mi infancia con respecto a ese tipo de actividades, ya que nunca lo hice ni encontré ese interés por hacerlo, ahora las circunstancias eran diferentes el hacer cosas nuevas, las cuales se supone debería saber, me despertó un poco de preocupación, al intentar hacer algo que no sabía que tan bien saldría. Por unos cuantos días o muchos, olvide por completo aquella tarea hasta que el profesor en una de las clases de los jueves –en un salón del segundo piso del edificio de ciencias humanas- recordó aquella actividad proyectada para el  día viernes 24 de agosto. Esta actividad estaría respaldada por una crónica la cual estoy pretendiendo escribir, es aquí que nace otra tarea más “hacer una crónica”. En estos tres años que llevo en la universidad, nunca me había enfrentado a crear este tipo de texto así que me puse en el plan de buscar un poco de información acerca de cómo hacer una.
 
Dejando a un lado la crónica, ya sabiendo que en ella tenía que relatar mi historia acerca del proyecto de hacer la cometa, me di camino a hacer lo más importante la bendita cometa. El día 11 de agosto en las horas de la noche comenzó mi travesía por diferentes páginas de internet, llegando a encontrar una página que a mi parecer era buena http://es.kiteplans.org/ , la recorrí de arriba abajo y para mi gran ignorancia me enteré de la gran variedad de cometas, no sólo aquella de palitos en cruz y su papel como sólo me la imaginaba en mis años de infancia:1588 planos de cometas, de un hilo, de dos, de tres, de varios; planas, diedros, básicos, arcos…
 
Ahora la tarea se complicaba aún más, necesitaba buscar ayuda pero nadie se ofrecía para tal labor, así que esperando como buena colombiana hasta el final, como caídos del cielo saliendo de clase de 8 me encontré con dos compañeros en aquel árbol -que en ciertas temporadas nos sirve de ayuda en esos momentos de hambre y poco dinero- que se disponían a hacer la cometa en grupo así que me les uní. El primer paso, conocer qué tipo de cometa nos disponíamos hacer.“Un moco” dijo mi compañero Miguel, claro respondí yo pensativa una vez más, pero pronto esa duda se desvaneció frente a la explicación de los dos de cómo era la estructura de tal.
 
Dado que los tres teníamos horas libres decidimos ir en pronta búsqueda de los materiales, lo primero que decidimos buscar –ya que sabíamos la ubicación del lugar donde la vendían- fue la tela. Compramos una tela impermeable de color un poco llamativo, nos tomamos la primer foto de prueba del trabajo en equipo, continuamos ahora en la búsqueda del hilo y por último el tubo de PVC -el cual encontramos en una corta caminata bajo ese sol tan saludable de medio día-.Terminado el segundo paso de nuestro proyecto, caminamos hacía el Éxito, para que mis dos compañeros nutrieran sus bolsillos del dinero sacado de un cajero, luego decidimos volver al punto de salida a la UIS, subimos en un taxi dado que los ánimos y las ganas de sol ya no eran los mismos de unas horas atrás, acordamos una nueva fecha de encuentro y nos despedimos.
 
Después de unos cuantos días de clase se dio el segundo encuentro, el día jueves en las horas de la tarde, bien alimentados y con la energía puesta en la realización de la anhelada cometa, nos pusimos en marcha, buscamos un espacio pertinente. Lo único que pudimos encontrar con toma de corriente, fue un salón en el quinto piso que estaba ocupado por otros estudiantes, nos adueñamos de una parte del aula y nos pusimos en la tarea del día cortar y coser, nos lanzamos la bola de quien debería coser así que la “Costeña” -Diana- se ofreció, Miguel al ver tal tarea quiso coser una parte pero su esfuerzo fue un poco frustrante y a medias, ya que tuvo que irse a clase de seis. Debido a los síntomas meteorológicos, decidí irme para la casa donde continuaría la tarea de coser lo que faltaba, -me di cuenta de que esos años de haber estudiado en un colegio femenino en el cual me enseñaban a coser me sirvió por fin de algo-. Entre fotos y risas llegamos a la conclusión de que nada tiene que ver el vivir sólo con eso de saber coser.
 
El día viernes se dio el último encuentro en donde daríamos culminación a nuestra tarea, ahora el trabajo consistía en hacer nudos y nudos –cosa que ninguno de los tres sabia hacer-. Tuvimos que pedir ayuda de un amigo que estaba cerca, almorzamos en el “Bosque” y después de unas cuantas horas el trabajo estaba terminado “el moco armado”.
 
Esa misma tarde, se dio la hora de ir a probar que tanto sabíamos de crear bichos voladores así que reunidos en el “Diamante” nos dábamos a la lucha de poder ver a nuestro moco en el aire. Al llegar a la cancha vimos los trabajos de los otros grupos unas básicas y unas tantas de diseños geniales pero los cuales por más que luchamos no vimos en el aire a más de un metro del piso. Otra cara donde se veía la derrota desde muy temprano fue la de Pilar quien vió rota sus horas de concentración y trabajo.
 
La tarde pintaba agradable pero el poco viento y mucho sol nos aguaron las ilusiones de ver a nuestros pequeños abortos dando sus primeros vuelos, entre gritos y risas vimos como una cometa, la de David - el elegido, el Domador de cometas como lo denominamos- se alejaba y se perdía entre las nubes, minutos antes, Camilo veía frustrada su supuesta competencia al ver su cometa partirse en unos cuantos segundos.
 
La jornada no termino allí, unos decidimos quedarnos a hablar un poco sobre aquella tarde, recordar los pocos segundos de gloria de Diana- al elevar un metro la cometa del suelo-y el ver su camino truncado por Ricardo que la hizo caer al suelo. Recordamos también, la cometa de la dignidad del grupo, como dijo el profesor Wilson, que se desborono en un segundo.


 

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