Tres líneas horizontales
color canela que separan abultadas porciones de piel, sus brazos con músculos flácidos,
que unos años atrás fueron duros, una gran
protuberancia en su estomago –característica de la mayoría de conductores-
consecuencia de alimentarse y seguir sentados todo el día, cejas pobladas,
cabellos con ciertos visos blancos, un bronceado tal vez deseado por cualquier
joven de hoy, pero solo referente al color ya que el de él se divisaba en
diferentes partes del cuerpo como un degrade, donde brazos, cuello y pecho
tienen las tonalidades más fuertes.
Su piel arrugada signo de
haber pasado por muchos días al sol, noches al frío, horas de abundante agua y
años enteros de mucha experiencia y vivencias. Adornado con una camisetilla de
color rojo con negro, una bermuda de jean sostenida por una correa-de las
cuales se usaban antes- de cuero con una gran pretina de metal, de esas que ya
no se fabrican, al lado derecho del cinturón un forro para poner sus dos
celulares uno de Comcel y el otro de Movistar, al lado izquierdo otro forro en
el cual mete sus gafas debidamente introducidas con anterioridad en una bolsita
de tela roja, como de lanilla.
En la mano derecha sostiene
esa taza de café que acostumbra tomar en horas de la tarde, esta vez como otras
tantas yo le hice el café, la formula se volvió memorística ya nada de probar
haber cómo queda, poner la olleta con agua, ahora sin panela- la diabetes le
quito ese goce de lo dulce- y dos cucharadas de café.
Esta vez la charla se tornaría un tanto formal,
“tengo que buscar la manera de interrogar sin que se de cuenta de mi verdadero
fin” me repetía una y otra vez antes de empezar a romper el hielo con aquella
persona que me dio la vida y la cual comparte unos cuantos momentos con su
familia, cada vez que su trabajo se lo permite.
Para romper el hielo fue
necesario el café, y decidir en qué momento era pertinente hacer preguntas, una
tía sentada a su derecha, contándole los últimos pormenores acerca de la
enfermedad descubierta hace poco de mi tío, mi madre terminando de arreglar una
masa para aquellas arepas que muy rara vez veo, ya que “no hay tiempo de
hacerlas” según dice ella. Mis hermanos, una pegada como un ente al computador y
el otro al televisor, me doy cuenta de
su vivencia gracias a que respiran y pestañean de vez en cuando.
Volviendo a mi mente difusa
creo que ya dejare de tantos rodeos me digo mirando fijamente a mi padre, empiezo a interrogar sus orígenes ya que nunca
lo había hecho, en fin ¿papi en dónde nació? “no sé donde nací, el registro
dice que fui bautizado en Curiti pero jumm como me crié entre Sangil y Aratoca
viajando con mi tío Rogelio, sin mamá y sin papá ni supe, a ese lo fui a
conocer una vez que fui a visitarlo a Bogotá ya cuando yo era un bolsón como a
los 22, me saludó por una rendija de la puerta, ya vivía con otra señora y
tenía otros hijos, bueno sus tíos que hace poco conocí”. Pensé cinco minutos en que
tal vez el haber crecido de viaje en viaje había destinado a mi padre en su
posible oficio. Bueno y mi nona, “esa se
vino a vivir a Piedecuesta y me dejó tirado a mí y a mi hermana Cecilia, pues
mi tío nos crío, aunque a mí me la tenia montada, veía la carne una vez al mes
lo mismo los huevos en cambio a Cecilia sí se la pasaba comiendo todo eso
mientras yo a punta de mazamorra”.
¿Y por qué termino
manejando? “Pues eso trabajé en todo un poco fui panadero, espale tabaco, tejí sacos de fique- ya que su
abuela lo hilaba- , también intenté ser agricultor pero la única cosecha que
saqué fue una de tabaco. Ya lo de manejar fue porque mi tío me enseñó cuando
tenía como 16 años pero él que me
explicó todo bien fue un señor llamado Pedro ese ya debe de venir de regreso, y
me metí a trabajar en eso porque tocó no había más. Y pues la primer vez que me
fui a manejarle a un señor le dije “no sé dar reversa” y me respondió que él me
mandaba era a manejar de pa’delante no de pa’trás entonces así me toco irme con
el viaje, y en el lado donde descargaba como era un terreno grande y plano pues
me puse a practicar y así aprendí a dar reversa”.
¿Y siempre ha manejado mula
o manejó otros carros? “Pues eso manejé una camioneta modelo 46, una volqueta
modelo 53, un camión, una piragua, un tanque al que le llamaban parchejo, un
doble troque, una maco, una Ford eso de todo un poco con 48 años manejando y
con tantos patrones por los que pasé, trabajé para un señor de nombre Belarmin,
a don Isaias soler con el trabajé 13 años, con Jesús Gonzales, con el tuerto
corzo, no recuerdo el nombre pero así le decíamos, con otro viejo que no
recuerdo cómo se llamaba que tenía una pata picha no se hacía aseo, con
Reinaldo un tipo de Cotrasur, con don Eduardo Silva y por último con don Jorge Silva
el hijo, con ese ya llevo 23 años.
Proseguía mi padre nombrando
uno tras otro patrón, mientras tomaba a grandes sorbos el café caliente que le había servido, la
conversación se dispersó del punto central, gracias a las discusiones de pareja
que no faltan, mi madre llevándole la contraria a mi padre.
Para retomar el tema le
pregunté que si le gustaba lo que hacía, él con una mirada de satisfacción -sin
responderme aun ya sabía la respuesta que entonarían sus labios- respondió “pues
al principio no me gustaba pero después me pareció bonito eso de conocer
diferentes lados jumm eso he ido a la Guajira, eso es un peladero no me gusto
de a mucho, me gusto Cali porque Cali es Cali lo demás es loma, Medellín, Cartagena
jumm mejor dicho a donde no he ido, como eso trasporte de todo un poco agua,
azúcar, cal, piedra y asfalto, trabajé en Copetran y para la transportadora de
mina y minerales de Cúcuta, en una ida de esas a Medellín fue que me atracaron
tres veces seguidas, otra vez me salió la guerrilla y pues a uno le tocaba
hacer lo que ellos quisieran porque lo humillaban a uno con esas armas y uno
sin nada con que defenderse”.
Como por lo general mi padre
no cuenta sus vivencias sin que toque sacarlas con muchos cuestionamientos, me
atreví a recordarle un accidente de trabajo, para que me contara otros de los
cuales no tenía mucha información.
Una llamada desequilibró los ánimos de los que estaban ese
día en casa, mi madre contestó y empezó a llorar sin decir nada, un corrientazo
pasó por todo mi cuerpo, pensé lo peor pero la incertidumbre se difuminó cuando
por fin mi madre me contó lo sucedido. “su papá está en la clínica, se quemo
con asfalto, por evitar que se estallara
el tanque de la mula” unos días después mi padre me contó lo que había sucedido
con mayor detalle “llegue a descargar el viaje y el joven que pone la manguera
para que el asfalto salga lo puso al contrario, es decir para que echara más
asfalto a la mula, en vez de sacarlo, yo
confiado me fui a lavarme la cara y las manos mientras esperaba, el joven que
puso la manguera se fue a dizque una reunión que tenían en ese momento todos
los trabajadores de la empresa, y salí a mirar porque empezó a sonar algo raro,
cuando mire pa’rriba del tanque eso echaba asfalto por encima, entonces salí
corriendo haber que pasaba y era que el tanque se iba a estallar y lo que
sonaba era que se estaba reventando por dentro la fibra de vidrio, entonces
espiche el botón y quite la manguera de rapidez y ahí fue cuando me cayó eso
encima, eso del susto ni sentí dolor, después salió toda la gente y me llevaron
a la clínica, allá me quitaron la ropa con todo y cuero, porque el asfalto se
me pego al cuero con todo y ropa. Y
bueno después curaciones esa joda sí fue feo le pelan a uno como si estuvieran
raspando carrasco”
“Otro accidente feo uno en
que por esquivar a un viejo bruto me fui en un hueco, en ese me hospitalizaron
y hasta me quedaron tuercas en la frente, una vez su mamá tocándome la cara
sintió algo raro y era una tuerca entonces me la saco con una cuchilla. Y he tenido otros pero no fueron graves”
Tratando de recordar sólo me
acordaba del primero narrado, el segundo pasó cuando era muy chica y entre
juegos uno no se daba cuenta de mucho,
sin tener algo planeado no sabía que más preguntar así que vino a mi
mente preguntarle si había visto cosas raras en todos esos años de trabajo y su
respuesta fue un poco desalentadora, ya que esperaba historias fantásticas “Una
noche vi una bola de fuego en los llanos, y en pescadero vi un carro que venía
me quede esperando que pasará y nunca pasó después mire hacia abajo y allá iba
de resto nada más, aaaaaaa y una vez vi algo que nunca pensé ver dizque un
chulo blanco y era el que mandaba porque mientras ese comía no llegaban los
otros, cuando ese se fue ahí si llegaron los otros”
Pocos sucesos para tantos
años entre líneas blancas y amarillas, entre señales de tránsito, restaurantes,
casas, árboles, carros de muchos colores, marcas y formas, en fin mi padre no
quiso contar nada más así que para terminar me remonté al último viaje en que
lo acompañé. Cuando pequeña acostumbraba a acompañarlo a viajes cortos por
ejemplo a esos que hacía cuando vivimos en los llanos, teníamos que madrugar
para salir a las cuatro de la mañana, era hermoso ver tantos animales al salir
en la madrugada mientras de fondo se veían cuadros de diferentes tonalidades de
verde y la carretera de color amarillo, que al pasar la mula creaba una gran
nube de polvo detrás de nosotros.
En el último viaje decidí
animar a mi primo a que fuéramos a viajar ya que andábamos en vacaciones así
que animados y a la expectativa de hacer algo diferente, a estar en la casa
echados mirando televisión le comente a mi madre quien le dijo a mi padre que
nos llevase en el próximo viaje, alistamos la ropa de llevar, solo dos mudas ya
que el viaje era solo de dos días, la verdad ya no recuerdo a donde
fuimos, pero subidos en la mula
empezamos el recorrido.
Carretera y más carretera era lo que se
divisaba, parábamos a almorzar y a comer, la noche que dormimos fuera nos
quedamos en un hotel en cuya habitación tenía más pinta de motel que de hotel
familiar, un ventilador pequeño en el techo,
cama de cemento con un colchón encima, un baño y un televisor. Pasadas las horas de viaje llegamos a casa
con la ropa llena de grasa sin haber hecho nada más que estar sentados mirando
por la ventana mientras mi padre manejaba. Un poco tristes al saber que la
aventura no había sido la que esperábamos y que también volvíamos a la rutina
de estar en casa, pero al pensar en la posición de mi padre ante cada viaje me
dije “para él también es una rutina más vivir viajando” pero con una gran
diferencia, conocerá cosas nuevas.



































